Iquique y la integración latinoamericana

Iquique y la integración latinoamericana

Martín Bernetti / AFP

El incidente xenófobo ocurrido en la ciudad de Chile a la que hace referencia el título de este artículo es uno de los muchos que ocurren constantemente en nuestra región y alrededor del mundo contra personas vulnerables, migrantes y refugiados que se trasladan de un país a otro en busca de oportunidades y una mejor calidad de vida. Es un fenómeno transversal que tiene múltiples orígenes y reacciones de diferente naturaleza. No vamos a escribir esta vez sobre los motivos objetivos que empujan a la gente a emigrar, la literatura es abundante y nos hemos referido a ella en distintas ocasiones, pero quiero destacar las reacciones xenófobas ante determinadas situaciones y la histeria que ha generado mucho del sufrimiento humano, algunos de dimensiones insólitas como los que forjan persecución, muerte e incluso exterminio.

Varias fuentes confirman que la historia de la humanidad tiene un trasfondo muy amplio. «Los antropólogos han notado situaciones de xenofobia entre pueblos arcaicos, lo que demuestra que este es un fenómeno presente en el comportamiento humano».

Piense en esta pequeña población pacífica de Chile, junto al mar, de gente noble y buena como la mayoría de los chilenos, y en general la gente de este planeta. ¿Por qué se ofrecieron a quemar su propiedad durante una protesta antiinmigrante, que también fue rechazada por organizaciones y defensores de derechos humanos?

La respuesta es simple, pura xenofobia, porque es precisamente la reacción, aunque antinatural, muchas veces la construyen agentes interesados ​​en crear miedo en presencia de extraños. La xenofobia es precisamente el rechazo de identidades culturales distintas a la propia. Siempre habrá personas que tengan una estructura mental y personal débil, que cuando ven a un extraño, lo ven como una amenaza y no como una oportunidad.

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Pero como hemos expresado en otros episodios, estas discriminaciones provienen de diferentes prejuicios históricos, religiosos, culturales y nacionales, que llevan al xenófobo a justificar la segregación entre las distintas etnias para no perder su identidad. La mayoría de las veces y especialmente en este momento, el migrante es visto como una competencia por los recursos disponibles en una nación. La superación de esta percepción está ligada a los esfuerzos que podamos hacer desde distintos sectores para alertar sobre las consecuencias de estas conductas y trabajar para una educación integral que contribuya, al igual que con otros tipos de discriminaciones, a despuntar estas prácticas tan nocivas hacia otros seres humanos.

Fomentar la xenofobia como mecanismo de defensa frente a los extranjeros es sin duda una mala práctica que poco ayuda a los países de acogida y a los ciudadanos que comparten con personas de otros orígenes. En la medida en que tengamos esta visión global de entender que el emigrante aporta, no destruye; y que existen políticas que promueven su integración en la sociedad, esto puede ser un agente positivo y no negativo.

Por otro lado, esta particular situación que hemos visto en este pacífico pueblo costero chileno, con una fría playa de cavancha y su torre con un reloj de avanzada construcción arquitectónica para la época, que recuerda la prosperidad de la era salitrera de este destino vacacional chileno, nos hizo reflexionar sobre los cimientos de la integración latinoamericana en ese momento.

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Debo reiterar lo que han percibido mis lectores a lo largo del tiempo y es mi vocación integracionista y mi convicción de que América Latina es una región del mundo que tiene las condiciones fundamentales para garantizar un verdadero proceso de integración que garantice la prosperidad de sus pueblos como objetivo.en armonía y en un ambiente de paz permanente. Me gustaría señalar que a lo largo de los años he variado mi perspectiva en cuanto a la fórmula más adecuada para lograr este objetivo. En mis años universitarios, vi la integración política como la herramienta para lograr la integración de nuestros pueblos, muy en línea con el discurso que durante años ha hipnotizado a la región desde los mismos días de la independencia. La integración se hace con voluntad política, a largo plazo es la visión de arriba hacia abajo, es la integración impuesta de los espacios políticos. Asimismo, pensé y reconocí el mérito que esto tiene, que podemos lograr la integración en nuestra región a través de la economía, el comercio y la mano de los empresarios.

Por el contrario, en los últimos años y cada vez observando el escenario migratorio de nuestra región, concluyo y me considero una voz solitaria, que la libre movilidad de las personas en nuestra región, con lo que eso implica, es libertad. Movilidad, establecimiento, La seguridad social, entre otros derechos, será el verdadero motor de las variables políticas y económicas para promover la consolidación de un proceso de integración verdadera y duradera. En esta visión poco elaborada, me complace compartir un texto de Sebastián Michel, político progresista boliviano y actual embajador en Caracas, quien reflexionó sobre la situación que se generó con los emigrantes venezolanos en Iquique: “La emigración es una ley y cualquier proceso regional que no incluya la libre circulación y la libre migración no tiene sentido … ni el comercio ni la infraestructura son útiles si no hay migración entre países ”. Esta es la base de una idea sólida en la que debemos insistir. Si no practicamos la solidaridad, no formalizamos el derecho de cualquier ciudadano latinoamericano a establecerse en cualquiera de nuestros países con igualdad de derechos, la verdadera integración seguirá en la retórica de la política y los sueños. el tiempo y el espacio para transformar la región en una sociedad de ciudadanos comunitarios con derechos y obligaciones comunes, que con instrumentos como el pasaporte latinoamericano podrán superar la visión congelada en fronteras artificiales que, en lugar de unirnos, han nos dispersó por todo el continente.

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